27 de octubre de 2013

Todavía no caigo, todavía sigo llorando cuando veo al bombón que tengo como sobrino.
     Tuvimos un domingo en familia, como hace años no lo teníamos, ahora todo gira en torno a otra cosa, las lagrimas que se secan, son de felicidad, los abrazos son para aguantar los dolores y para hacer saber, que nunca se está solo, las miradas transmiten fuerza, sonrisas y éste, es finalmente el aire que se respira en mi familia. Es todo muy raro, ver a mi prima hablarle a Pedro es raro, ver tanta vida adentro de la casa de mi tío y que el no esté, es raro, ver a mi primo apoyar la cabeza en la panzota gigante que tiene Jazzmina, es raro, acostarse en el sillón del living y escuchar Blagglieto sin mi tío, es raro, todo al final es raro, la nueva vida que encaramos es rara, pero hermosa y soñada al final.
      Hace mucho no me sentía así, tan feliz, tan llena y tan pura. Estamos todos grandes, pero entre mi hermana, mis primos y yo, la diferencia fue mucha en unos pocos años. Terminaría de ser un sueño hecho realidad, si de repente estuviera mi tío, viendo a su nieto, y a su nieta que próximamente asomara a este mundo, porque viva ser realista y pedir lo imposible.


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